Marcelo Javier Neira Navarro
Corporación Cultural Emilio Held Winkler
marcelojavierneira@gmail.com
En diciembre de 1890, dos policías y un grupo de colonos alemanes armados llegaron hasta un sector de Nueva Braunau, irrumpieron violentamente en un galpón sorprendiendo a un gran número de williches que allí estaban. Tal reunión en sí misma no revestía mayor gravedad, de no ser porque el galpón había sido ocupado en ausencia de su propietario, uno de los colonos y se encontraban bebiendo chicha de manzana fermentada, por lo que estaban embriagados. Lo que permitió que fueran reducidos sin problemas.
Pero lo más complicado del acto williche fue que se hallaban reunidos organizando una verdadera conspiración, siguiendo las indicaciones de un cacique de nombre Antiñirre.
La noticia debió despertar la alarma en el amplio territorio del sur de Chile, debido a que la idea, según explicó la prensa de la época, implicaba atacar a colonos germanos. De acuerdo al periódico El Llanquihue de Puerto Montt, la “…sublevación de los araucanos de la zona y puso en serio peligro la vida de los colonos instalados en las vecindades del lago” (El Llanquihue, Puerto Montt, noviembre de 1890). En Osorno, por su parte, la primera y segunda compañía de bomberos recorrieron la ciudad, los días sábado 29 y domingo 30 de noviembre de 1890, intentando el resguardo de la población bajo la supuesta amenaza de las hordas de Antiñirre. Tal orden la había impartido el Comandante Jorge Hube, aunque sin la venía ni del Superintendente, ni del Gobernador, lo que generó un conflicto en la jerarquía bomberil, por lo que fue reconvenido. En cualquier caso, la noticia, más la presencia de las patrullas, en efecto, provocó alarma, haciendo que un buen número de la población osornina huyera al sector rural. Según el periódico El Damas de Osorno,
“…hemos sabido, que varias familias han estado en vela las dos noches de los mencionados dias, esperando de un momento a otro el indicado asalto. Casi en la jeneralidad de las personas ha reinado una gran inquietud. Las sirvientes indijenas que habian en el pueblo se ha retirado todas al campo a sus casas por temor de caer en manos de los asaltantes” (Patrullas, El Damas, N° 435, Osorno, sábado 6 de diciembre de 1890).
Efectivamente Antiñirre había logrado convocar a un importante grupo de seguidores, principalmente de los sectores de “Coligual” y “Vista hermosa”, cercanos a Nueva Braunau, Puerto Varas. El proyecto del Cacique consistía en organizar un levantamiento contra los colonos germanos emplazados en la zona de la “colonia de Llanquihue”, dándole muerte, robando sus mujeres, dinero, para luego huir.
El fundamento a tan extravagante idea, según se señaló en la época, habría tenido básicamente tres razones. Primero, Antiñirre habría intentado levantar un sistema comunista, razón que parece poco acertada por condiciones culturales (Victor Sanchez Aguilera, Antiñirre, Rey Huilliche, Revista en Viaje, Año XXIV, Nº 295, mayo de 1958, pág. 19). El cacique, también se pudo haber inspirado en noticias de la experiencia del aventurero francés Orelie Antoine de Tounens que, en 1860 se había autoproclamado en “rey de la Araucanía y de la Patagonia”.
Pero lo que verdaderamente gatilló tamaño proyecto y que lo sitúa al nivel de leyenda, según propia confesión de Antiñirre, habría sido el hecho de haber encontrado una cadenita con una plaqueta de oro en cuyo centro se podía ver una ciudad. Esta circunstancia lo condujo a pensar que se trababa de la ciudad de Los Césares. Una leyenda muy popular desde la colonia y que, entre otros lugares, situaba a la ciudad encantada en el Lago Puyehue o en el Lago Llanquihue. Y, en consecuencia, este hecho lo convertían en predestinado para conducir a su pueblo a la ciudad encantada. El periódico El Reloncaví, de Puerto Montt, señaló que Antiñirre,
“…que se da el modesto nombre de Rei, asegura que es un profeta que está en directa comunicación con Dios y que descubrirá luego una ciudad ´encantada´… esa ciudad fabulosa en donde abundaría el oro, la plata i todos los goces imajinables” (El Reloncaví, Puerto Montt, 16 de noviembre de 1890, N° 224, pág. 2).
En el juzgado de Puerto Montt, sin embargo, donde finalmente fuera conducido Antiñirre, se pudo comprobar que la mencionada “medallita” correspondía a una etiqueta de una botella de cognac de la época.
Río “sin nombre”, Nueva Braunau, mayo de 2026.-